domingo, 12 de junio de 2016

I TOOK A PILL IN IBIZA: ¿Qué dice la letra de la canción?





Por encima de las estrategias del marketing, las canciones que ocupan los primeros puestos del Hit Parade son, la mayoría de las veces, un reflejo de las experiencias que marcan la vida de los jóvenes, de sus búsquedas y preguntas, de los avatares de su existencia personal.

Estas canciones revelan modelos de vida, los valores y antivalores que definen la cultura de una generación, tanto en lo que dicen como en lo que no dicen. Son, por así decirlo, un signo del espíritu de la época.

De allí mi interés por indagar lo que escuchan los jóvenes, y, dado el caso, de analizarlo con ellos en clase.

Oído al tambor: cualquier canción, nos guste o no a nosotros, puede convertirse en un excelente recurso educativo. Basta que se ponga de moda entre los jóvenes, y que sepamos hacer las preguntas pertinentes. Que aprendan los chicos a escuchar lo que cantan y bailan, a tener un oído crítico, y se vayan liberando del automatismo con que asumen los gustos y tendencias que les impone el mercado.

Para esto sirve educarse, pienso yo. Salir del redil, concienciarse, pensar. De esto se trata.

I took a pill in Ibiza ("Me tomé una pastilla en Ibiza") de Mike Posner ha ocupado los primeros puestos de las listas de canciones más escuchadas del 2016. El vídeo oficial en la plataforma de Youtube tiene casi 9 millones de reproducciones. 

¿Qué dice esta canción que ha sido tan exitosa entre los jóvenes ?

Un muchacho de Los Angeles nos narra en cadena una serie de experiencias sobre sí mismo: se toma una pastilla en Ibiza, aparentemente por puro postureo, sin saber realmente por qué lo hace; reconoce que detrás de su éxito como cantante, del millón de dolares que se ha gastado en "mujeres y zapatos", del coche deportivo que conduce para demostrar que es un macarra, vive sin saber en quien confiar. Da la impresión de que está solo,  y que comprende que no le queramos seguir en ese carrusel de su existencia, ese su vivir colocado pero sin ningún sentido.

En el plano amoroso, más allá de sus numerosos ligues que no sobreviven a la mañana siguiente, no se siente capaz de sincerarse y abrirse de corazón, y por eso permanentemente huye del amor verdadero.

Atascado en este escenario no es extraño que lo único que realmente sepa sean canciones tristes, como repite el estribillo.

La canción no hace una defensa ni promueve este estilo de vida, simplemente describe lo que vive. Y la sensación que deja traslucir es claramente de malestar e insatisfacción.

Este es el mundo de apariencia, la felicidad mentirosa de quien no logra resolver su ansiedad por encontrarse a si mismo y descubrir su centro de gravedad. Vivir huyendo, sin experimentar el amor verdadero, sin curar las heridas del corazón. Y esto, con distintos matices, es lo que viven muchos jóvenes que se sumergen en el mundo de la noche y de las drogas.

Caminar sin sentido es una realidad cotidiana, y dolorosa, para muchos hombres y mujeres de esta generación, inmersos como están en un hedonismo hueco, en un relativismo que los convierte en seres frágiles y melancólicos.

¿Qué respuesta podemos dar a esta realidad?

Como cristianos sólo nos queda compartir con otros el testimonio de la buena noticia de Jesucristo. Que cada hombre, cada mujer, cada joven, descubra su inmensa dignidad, su identidad profunda como hijo, y experimente el agua que ofrece Jesús, la que verdaderamente sacia las exigencias más hondas del corazón humano.

El tesoro escondido en el campo, la perla de gran valor.

Pero, sobre todo, que descubran el verdadero Amor, el amor con mayúscula, el amor que da sentido y significado a la vida, el amor que cura las heridas y nos hace nacer de nuevo.

Que se conozca y experimente el amor, para que nuestro saber no lo copen canciones tristes

Con esta reflexión de fondo, la invitación es a escuchar y analizar esta canción en Clase de Religión.

jueves, 26 de mayo de 2016

El milagro de la vida


Un día, al amanecer, un hombre sembró una delicada semilla en un tiesto color ladrillo. El macetero era viejo, antaño había servido de cuna a muchas matas del patio, y aunque estaba manchado de moho y ya había perdido todo su lustre, cumplía con fidelidad su noble misión.

Era un tiesto de pocas palabras, la gente de por allí apenas reparaba en su existencia.

Al principio la semilla se dejo caer suavemente en la mullida tierra negra. Varios días de sol y agua fueron suficientes para que brotara la vida y comenzara a moverse y a respirar. Poco a poco surgió el tallo y unas pequeñas hojas de un juvenil verde claro. Una planta se asomaba, por fin, a la superficie, y podía ver y descubrir el mundo a su alrededor: el sol de la mañana, las estrellas de la noche, los pájaros que parloteaban entre los postes de la luz, el resplandor del cristal de la ventana, la caricia del viento.

Pocas semanas más tarde, el hombre, conocedor de los entresijos de su pequeño mundo vegetal, decidió que había llegado la hora de trasplantar a la que ya se había convertido en una pizpireta señorita, toda brazos, toda piernas, y que se agitaba, desgarbada, sobre las descascaradas orillas del tiesto. Su nuevo destino fue un soleado rincón del jardín de la plaza del pueblo, en torno a la cual jugaban los niños a la salida del colegio y los ancianos se sentaban y contaban historias.

Llegó mayo. Una tarde, el buen hombre, vio desde la ventana un ramillete de geranios, de un encendido rojo escarlata, que coronaban la cresta de la planta que había sembrado meses atrás.

El tiesto, que lo miraba todo desde la altura del balcón, a pesar de que tenía la vista cansada, logró ver también aquellas hermosos geranios encarnados. Se acordó entonces de la pequeña semilla que había crecido en su vientre. Y aunque en su larga vida ya había contemplado como muchas se convertían en plantas y se coronaban de flores y de frutos, se dijo admirado: ¿Quién iba a decir que llegaría tan lejos? ¿Cómo imaginar que de esa frágil semillita brotarían flores de tanta belleza?

Y un sentimiento de satisfacción y orgullo recorrió las paredes del viejo macetero.

Por un tiempo, quizás años, el tiesto se durmió. Eso fue cuando lo dejaron arrinconado junto a la caja de herramientas. Hasta que una feliz mañana, el hombre trajo una nueva semilla temblando entre sus nudosas manos, y la sembró, en medio de una palada de tierra negra, en su antiguo macetero color ladrillo.

Y vuelta a empezar, el milagro de la vida.

@elblogdemarcelo

domingo, 8 de noviembre de 2015

La Justicia y el Derecho: el corazón de la Biblia. Una experiencia de taller en clase


Estos días he estado haciendo una tarea con algunos grupos de alumnos, les he invitado a escribir historias de esclavitud y de liberación. Busco con ello que aprendan a reconocer situaciones actuales de privación de la libertad, y la lucha que conlleva todo proceso de liberación de aquello que nos oprime, de aquello que atenta contra nuestra dignidad. Sencillamente, quiero que se "metan" en la situación.

La experiencia de esclavitud/libertad/liberación está en el corazón del mensaje de la Biblia. Cuando leemos sus páginas nos damos cuenta que el tema central es el asunto de la "Tsedeq" y la "Tsedaqah", es decir, la justicia y el derecho. Sólo desde esa clave se puede comprender la absoluta novedad del Dios Yahvé, frente a la experiencia religiosa de los otros pueblos de la antigüedad, con sus panteones de dioses opresores y faraónicos.

Pues bien, quiero introducir a los alumnos en la historia de lucha y de liberación que recorre las páginas del Antiguo Testamento: la manifestación de un Dios único, que no tiene imagen, que no está amarrado a un lugar, y que desvela su rostro amoroso en la lucha por la justicia, un Dios preocupado por el sufrimiento del pobre y del indigente, del huérfano y de la viuda, del extranjero. 

Yahvé, el que ES/ESTÁ, elige a unos esclavos sin papeles, gente sin tierra ni dignidad, pienso hoy día, por ejemplo, en el pueblo saharaui, y los invita a liberarse del yugo del faraón, pero no mágicamente, sino enfrentándose al poder militar de Egipto, con Moisés como líder y con la ayuda de Dios que lucha en ellos y con ellos.

Estos esclavos después de un largo recorrido por el desierto alcanzan por fin la tierra prometida. En el duro camino se han ido convirtiendo en un pueblo, el pueblo de la alianza, han tomado conciencia de ellos mismos, de su excelso destino, de su dignidad.

En Canaan los hebreos fundan un nuevo modelo de sociedad, una sociedad contraste, que no está basada en la violencia de hermano contra hermano, ni en la esclavitud. La clave está en el reparto de la tierra entre las familias que forman las tribus de Israel. Ser el dueño de la tierra es condición imprescindible para ser un hombre libre.


En este sentido, el Israel primitivo es una nación única, un pueblo que no está gobernado ni por reyes ni por sus cortes, que no tiene ejércitos, que no está sometido a tributos. En la asamblea de los ancianos, los jueces administran justicia, dirimen los asuntos entre hermanos. Ellos deben ser un reflejo de la alianza, transparencia del Dios justo y santo, el verdadero Rey de la nación.

Luego, en los avatares de su historia, los israelitas se apartarán de este ideal, se convertirán en una nación como las de sus vecinos, con reyes, con soldados, con impuestos, y ya no se guardará el derecho y la justicia para con el hermano. Los profetas les recriminarán a la cara que se han apartado, precisamente, del ideal de la justicia y la misericordia, la esencia de la Ley, pero ellos no escuchan, y entonces sobrevendrá la catástrofe anunciada, la invasión de Babilonia, el destierro.

Jesús de Nazaret llevará a su plenitud esta experiencia del Dios que se revela en el amor y la lucha por la justicia, basta leer, por ejemplo, el Sermón de la Montaña o la escena del juicio final, para darse cuenta como el tema del pobre y del necesitado vuelven a estar en primer termino: el hambriento, el sediento, el desnudo, el emigrante, el enfermo, el que está en la cárcel, allí se muestra y se revela el Dios viviente.

Los alumnos han escrito sus historias, las hemos leído en clase, algunas son mejores que otras, por supuesto, los chicos no están acostumbrados ni a crear ni a escribir, pero han hecho un esfuerzo por meterse en una situación de esclavitud y por dar una solución liberadora al problema. Les he dado una semana más para que corrijan y mejoren el primer borrador y me lo entreguen. Y volveremos a leer algunos de sus relatos, pues, reconozco, no falta en muchos ni creatividad ni ingenio, sólo es cuestión de remover bien la tierra de los talentos que se esconde en el corazón de los jóvenes.

Con esta experiencia de aprendizaje, espero, ir navegando mar adentro, e irles descubriendo esta apasionante historia, la de Israel, el pueblo de la Biblia, 

@elblogdemarcelo

sábado, 7 de noviembre de 2015

Doña Imelda Dóniz y la Sociedad de Santa Catalina


Un muelle mecerse en el sillón de mimbre, suelos de loseta escarlata, moteadita, bata de casa y la tarde que cae de sus labios maduros, pintones; luego sus ojos, fondo de botella, seven up efervescente, vagando por las cumbres o brochazos de azul, por ese cielo naranja o quizás verdoso, depende de las gafas. Enciende la televisión, maquinal zapping, publicidad de pañales, cotilleos del corazón, consejos de cocina, y de nuevo, pañales, jabones, noticias. Pulsa el botón rojo del mando. Asoma dulce un trozo de cabeza por entre los cristales, sí, constata, ya se encienden los faroles neoclásicos de la plaza, monísimos, ya se ven los grupos diseminándose por la avenida que bordea el puerto, aquella a la derecha debe ser Carmencita González, la hija de su primo, el director de la oficina bancaria, hay qué fijarse lo sueltita que anda esta niña últimamente, cómo se descuide Carmita…

Ocho menos cuarto, se escucha el taconeo acompasado sobre la acera, tic-toc, tic-toc, un aletear de mariposa sobre calles de sombra lilácea; El Pilar, nº 12, al lado de la Iglesia. Dentro del grupo de señoras de la Sociedad de Santa Catalina, congregadas en esta cálida noche de agosto, ella, doña Imelda Dóniz, viuda de Cabrera, goza de un merecido prestigio, no sólo por ser una de las pocas fundadoras que todavía sigue viva, o por la holgada renta que le dejara su finado esposo; sino, especialmente,  por esa prestancia moral, esa fuerza, esa seguridad que dimanan de su carácter, tan chic, tan queridísima, tan elegante. De pie en medio de las damas, se destaca su estampa un tanto estilizada, encantadora; la rectitud de sus maneras, suaves pero firmes, ponderadas; lo atinado de su juicio al intervenir dos o tres veces para aclarar algún punto o dar los avisos de la directiva; tan femenina, refinadísima cuando mueve las manos salpicadas de pecas, cuando abraza tierna su bolso de piel azul marino, cuando juega con su collar o se seca con un pañuelo lindo las gotitas de sudor sobre la doble arruga del bozo.

Pasa la mano por su peinado, un discreto modelado de peluquería, cabello de un desvaído castaño, con elegantes visos de plata, milagro del tinte y las delicadas manos de Yeray, su estilista. Se discute la fecha del bingo, “Pro-fondos Obras Sociales de la Fundación” , un leve inclinar de sus gafas, listo, será el 26, y no el 20, todas se acoplan gustosas; ahora el lugar, alzamiento mimoso de sus cejas, no, en el salón parroquial no, como quiere Jacinta; contrae su frente, modula su voz, eso es, será en el Salón de Recepciones del club de La Marina; ¿se contrata la orquesta?, pero, por favor, claro que sí, y alza levemente el tono de su voz; nuevas oposiciones de Julieta y Rosa, alegatos fracasados ante un puchero de la comisura de sus labios húmedos, finísimo carmín.

La voz de Hortensia, entre mofletes de naranja, anuncia los resultados, letra y número, ronda doceava del bingo, gira el globo con las bolitas, murmullos. Ahora una última intervención de la orquesta, suavísimo pasodoble, a continuación un ritmito más movido, algo latino, algunas parejas salen a bailar, hay risas cuchi rodando lindas por entre las mesas, decoradas con tafetanes color marfil. Todas guapísimas, Imelda querida, ese traje tipo sastre de Teresa es divino, qué bien le sienta, ¿está más delgada?, sí, jí-jí, sí, definitivamente, la dieta de la piña, aquí viene el camarero, ¡humm!, pastelitos con crema chantilly, gracias, sí, una Coca Cola, pero light, que sea light. Imelda se levanta, Laura y Nina, modosas en el andar, la siguen hasta el servicio, la puerta batiente, un cartelito con la silueta de una dama de la era victoriana, el ir y venir de las señoras a retocarse, ella se mira coqueta en el espejo y sonríe, guiña un ojo con picardía, castañuelas de risas monocordes, ji-ji, un estuche de colorete palo rosa emerge de una de las carteras, intercambio de pinceles,… sí, chicas, no hay que descuidarse, a lo mejor aparece para nosotras ese mocito, o no tan mocito, ...de nuevo risas apretadas en el gañote, toses, suspiritos, ¿peero qué dices, Imelda?,…un toque discreto de perfume, shss, shss,…En ese momento sale de uno de los cubículos del baño Doña Enriqueta Cabrera, intercambio de miradas en el espejo, envaramiento del bolso de terciopelo, un pañuelito entre los dedos achorizados, ajuste de gafas que buscan el batir de la puerta. Afuera da comienzo la última ronda del bingo, ¡Josefinita!, tanto tiempo, mujer, sí, sí, estas igualita, créeme, te acuerdas, ahhh, gracias,…ay, mi niña, las cosas que hay que oír, sí, es así, como te lo cuento, una de las nuestras, emperifollándose en el baño, con unos modos,…unos comentarios,…tu sabes,…buscando rollito, es qué no me lo puedo creer. La orquesta toca ahora una melodía de despedida, ¡qué lindo ha estado todo!, salen las damas acompasadas, comentarios que se prolongan en el parking, rodando indemnes por la rotonda que conduce a la autovía, ¡qué tarde tan bella!, sueñan todas, tan maravillosas en sus coches, una mirada fru-fru al espejo y sí, claro, nos vemos en la próxima reunión, muak, muak.

Suena el teléfono en casa de Rociíto,  ¿qué tal el bingo, mi niña?, no pude asistir, claro, mira, pero ayer decían, que una de las señoras, tú, por si acaso, no me creas, tuvo un comportamiento, ¡hum!,…inadecuado, que sí, que sí,…venga, venga, cuéntame que te han dicho, ¡ahh te lo contó Maribel!; Hoolaaa,…Marita, sí, te vi en el mercado de las flores que inauguraron este domingo, siempre encantadora, a punto para las fotos, no, yo en verdad no vi nada, pero Ruperta la del periódico a lo mejor sabe;  Rupe, encanto, no pasan los años para ti, querida mía, los chicos siguen en la Península, mira, rica, que bochornoso lo del sábado, sí, sí, querida, ya es comentario general, anoche me lo dijo Esther en la boda de la más pequeña de los Martínez, vaya, tanto años, te imaginas, manteniendo nuestra imagen, sí, los tiempos, son los tiempos, además,… ¿vas el domingo para la comunión de Enriquito?, será algo muy íntimo, familiar, y, además, con esto que ha ocurrido, no sabe una a quien invitar, vale, mi niña, venga, un abrazo, saludos a todos; Guaci, corazón, te he llamado al móvil, ¿ya te contaron?, vale, vale, nos vemos en la peluquería; Asun, mi niña, ¿te lo contó Rociíto?, no sabes lo que te perdiste, en el paseo por la Rambla  no se habló de otra cosa,  ¿vienes el sábado al juego de brigde?, sí, seguro, animadísimo; Isabel, ¿ el desfile de modas?, bien, todas impecables, como siempre, ahh,…ya te contaron, sí, cómo te lo diría, hay quien asegura, y yo lo sé de buena fuente, que varias damas, ¿entiendes?, varias, sí, ¡qué horror! se estuvieron insinuando a los hombres del bingo, sí, sí, se me suben los colores a mi también, vale, un beso, dale recuerdos a Rupe, vale, venga.

A finales de septiembre,  tras varios días de calima sofocante, soplaban por fin los alisios. El macizo de Anaga se pintaba azul sobre el horizonte. Un grupo de señoras a la salida de misa por el funeral de Encarna, Dios la tenga en gloria, se reúnen por fin en el piso de Imelda para el café y las galletas, inevitablemente el comentario se cuela entre manteles, Imelda, toda apertura de ojos, rebesa pensativa su labio superior, sí, chicas, de estas cosas tan lamentables es mejor callar, el comportamiento impropio de algunas compañeras desdice del buen nombre y los altos fines de nuestra amada Sociedad de Santa Catalina, y al caer, estentóreas, sus pulseras, un guiño de sol rutila dorado sobre las manos pecosas de Doña Imelda Dóniz.

@elblogdemarcelo
.


DE LA DISTRAÍDA VIDA DE ULISES NIVARIA: Tercera parte


Lo de la Danae, la modelo, no termina ahí,… ¡tela marinera con lo de la esta mujer!... Un momento,… ¡Mira quien sale del Mercadona!, ¡mujer, no te des la vuelta así!, disimula un poco,… pe-ee-ro, por favor… ¿la reconoces?,… ¿saludarla?,…Noooo, déjate de historias, me parece que no nos ha visto, sigamos como si tal cosa. Menos mal, ya dobla la esquina. Sí, es Rosy, la hija del pastor evangelista, hacía por lo menos dos años que no la veía, ya te dije que vive en Las Palmas, el padre sigue trabajando por la calle Salamanca. El otro día Tere, la del estanco, bajemos la voz, me comentó que había logrado casarse con un chico de Galicia, parece que es un empleado de hostelería un poco mayor que ella. Sí, el hombre estaba separado, ¿viste el niño?, debe tener unos tres años, más o menos, ¿sabes?, siempre quedó la duda por lo del rollete que le achacaron con Ulises, vamos, y como, casualmente, justo por esas fechas la niña desaparece del barrio y se va a vivir a Las Palmas, ¿qué dices?, claro que estaba lo de las oposiciones que había aprobado de auxiliar administrativa, pero es que luego, a los meses, se presenta con este niño, claro, ¡ni tonta que fuera!, acompañada con el hombre que te digo, un  camarero,… aspiraría a algo más, con lo pretenciosa que era, siempre dándoselas de finolis,… no sé, no sé,… tú me dirás… , bueno, ya sabemos cómo es la gente de chismosa, es una pasada cuando se ponen a murmurar, dígame la Tere, es qué es de cuidado, una lengua viperina, para todo tiene un cuento, con esa cara de boba que pone cuando vas a comprar el periódico o alguna chuche y luego por detrás, las va colando… nosotras ni caso, que no se diga que damos píe a habladurías. Tú ten cuidado cuando vayas al estanco y empiece esa mujer con su preguntas, y con sus vueltas, pues sin darte cuenta te enredas y te las coge enseguida,… Bueno ya hemos llegado, aquí te dejo, nos vemos a la tarde entonces, nada, mi niña, ¿a qué hora sales?, a las siete y media, bien, quedamos de nuevo en el bar de Josefa, vale, venga, ¡qué te sea leve!, adiós.

¡Por fin llegaste!, llevaba media hora esperándote, sí, el tráfico por la Rambla, ¡qué me vas a contar!, sí, menos mal que es viernes, Josefa, corazón, ponnos dos cañas, sí, fresquitas, venga, y algo de tapeo, ¿has visto como se ha subido la temperatura?, es una pasada lo de este calor,…en fin,…y luego nos estamos quejando del invierno,… Gracias, mujer, lo compré en las rebajas, ¡ja-ja!, ¿te gusta?, pues seguro que todavía quedará de tu talla,… no te enfades, tía, es broma,… ¿Qué como siguió la historia de Ulises después de lo de París?,… Josefa, dos cañas más, por favor.

En vez de regresarse a Tenerife,  le dio por seguir el rastro a la mujer de los yogures, cogió un tren hasta Múnich, al sur de Alemania, sí, exacto, allí se puso a deambular por la ciudad, calle arriba, calle abajo, me imagino que buscando a la Danae ésta. En una plaza conoció a un señor vestido de tirolés que tocaba un acordeón, el tío comenzó a hablarle en español, así como lo oyes, bueno, se trataba de un argentino con el pelo teñido de rubio que andaba de ilegal, sí, tía, el hombre se buscaba la vida tocando música por las calles del centro de Múnich. Ulises lo acompañó algunos días en sus correrías, pero él nunca ha tenido mucho talento para la música y además estaba agobiado con lo de la rumana.  Tres días más tarde consiguió  un curro en una empresa de salchichas a las afueras de la ciudad, en Geltendorf, un pueblito bávaro de lo más mono. Allí estuvo el pobre casi un año, ¿qué hora tienes?, vale, hay tiempo.

Un sábado en las noticias de la tele ve aparecer a la modelo. Se quedó de piedra. Resulta que la mujer no era de Rumania, sino de Chechenia, ¿sabes lo que te digo?, sí, vale, por allá por Rusia, es para flipar, la tía pertenecía a una célula terrorista de estas con tentáculos en varias capitales europeas, exactamente, venga, Josefa, ponnos unas aceitunitas, anda.

La chica se había infiltrado como asistente de recursos humanos, en una fábrica de armamentos en Berlín. Y claro, lo del modelaje había sido una tapadera. Durante algunas semanas el chico se obsesionó con el tema, fue reuniendo en una carpeta un montón de artículos de periódicos y revistas, las declaraciones de la supuesta rumana nunca lo mencionaban, ni siquiera aparecía Paris en su historial, ¡qué va!, ¡él nunca sospechó nada!, y, encima, ¿qué era eso de Chechenia?

Cuando la prensa dejó de mencionar el asunto, quiso él también pasar del tema. Por lo demás, ya estaba harto de liar salchichas, por lo que no es de extrañar que un sábado que se encontró con una niña correteando disparatada por los Alpes y se pensó si sería Heidi la de la serie aquella, decidió regresar a Tenerife.

Como siempre, no había ahorrado ni un duro, ¿de dónde, pues, iba a sacar para el billete?, no le quedo otra sino la de orillarse en una autovía, escribir con un rotulador rojo: “Spanien” y, hala, a esperar que algún coche lo fuera acercando. El primero en aventurarse fue un camionero italiano que llevaba un cargamento de lechugas hasta Berna, sí, en la Suiza francesa, el hombre casi ni hablaba, era un furibundo escucha de reggaetón, sí, exacto, y con reggaetón hicieron todo el trayecto, “dale, dale don dale, que somos subnormales…”, vamos a tomar las dos últimas, Josefa, dos cañas más, y la cuenta, el tío lo dejó en una gasolinera cerca de un cruce de autopistas en dirección a Francia. Aquí cambió el cártel: “Espagne”, siempre con su rotulador rojo. Después de un buen rato, casi se le hace de noche en aquel sitio, unos argelinos que iban hasta Marsella lo subieron en su coche, un Renault de segunda mano medio destartalado, si, tía, a cambio le pidieron que colaborara con la gasolina, ¡mujer!, me imagino que sí, alguna monedita llevaría. En Marsella ya fue más fácil, unos estudiantes vascos que conoció en un café aceptaron llevarlo hasta Vitoria. Al llegar allí, tomó un trabajo temporal como vigilante en una obra, tenía hambre, estaba cansado, se había quedado sin perras y necesitaba algún dinerito para llegar a casa.
A todas estas, la madre seguía trabajando como portera en nuestra calle de siempre, allí fue a parar Ulises, y, claro, la mujer casi no lo podía creer, hijo mío, cómo has estado, no he sabido de ti y todas esas cosas, Josefa, gracias, venga, saludos ¿Cogemos un taxi?, bueno, es verdad, vamos andando, total, es cerca. Ese día se encontró en la calle con un antiguo compañero del insti, ¿te acuerdas de José María, al que llamaban Chema?, ese mismo, sí, pues resulta que el chico estaba colocado en un pedazo de cargo en el Ayuntamiento, claro, Cloti  dice, ya sabes lo cotilla que es, que la concejal de asuntos sociales, una rubia estirada con una pinta de maruja que no veas, estaba colgadísima de Chema,  sea como sea, tenía manga, por lo que logró que cogieran a Ulises como ordenanza de yo no sé qué organismo autonómico que no me acuerdo, y, ahora sí, a trabajar: Ulises suba estos papeles a la directora, Ulises busque el expediente en el archivo de Marlene, la secretaria, Ulises que pasó con los pastelitos y el café, Ulises, las fotocopias, y Ulises para acá, y Ulises para allá, ya te digo, estaba en todo.

En la oficina conoció a Menelao, un becario muy peculiar, con quien trabó amistad enseguida. Una de las manías más notorias del joven era la de beber café, sabes lo qué te digo, a tiempo y a destiempo, era una pasada, cada vez que Ulises se acercaba a su escritorio, ¡zas!, ya le estaba sirviendo un café, …Era un tío un poco chalado, sabes, medio poeta, experto en shiatsu, una técnica japonesa de masajes, archivista de profesión y canguro miércoles y sábados por la tarde. De allí que algunos hayan pensado que ejerció cierta influencia en la rarezas de pensamiento que le vinieron al hijo de la portera, aunque lo grave, grave, vino después.

@elblogdemarcelo



martes, 3 de noviembre de 2015

DE LA DISTRAÍDA VIDA DE ULISES NIVARIA: Segunda parte


Pasó que con el correr de los meses se fueron olvidando del tema del secuestro y en un pispas Ulises dejó de ser noticia; bueno, te imaginarás, ya no quiso seguir de marinero, además la paga tampoco era mucha. Decidió entonces apuntarse en el INEM, hizo su cola toda una mañana, sí, exacto, por la General Mola. Mujer, ¡sí es muy fácil!, coges un número en un cacharrito que han puesto ahora, igualito al que usan en la charcutería del súper, en la pantalla digital te fijas si llega tu turno, entregas el papelito, y hala, te entrevistas con la funcionaria, eso si tienes suerte y la tía no se ha ido a desayunar, que si no te pueden salir raíces, sembrada allí un buen rato frente al ventanillo; pasas luego a la chica del ordenador y le tienes que dar: nombre, D.N.I., edad, dirección, estado civil, nivel de instrucción, oficio, y otras minucias; después cumplimentas una encuesta, sólo, te aclaran, para efectos estadísticos, en eso tres mesas más allá, otra chica te da un papel, la constancia de demandante de empleo, y ya está, ya te marchas ¿Ah, no has ido?, pues, espabílate, mi niña, claro, no vayas a creer que ellos te consiguen un curro, pues no, fíjate que no, ¿cómo te lo diría?, yo todavía no conozco a nadie que haya conseguido un trabajo en serio con el INEM.

Sí, es alucinante, a veces resulta que te tienen apuntada como administrativa, y lo que buscan es camareros, o chico de almacén, o comercial con coche propio, y total, mire, te dicen, lo lamentamos mucho, pero, espere, por favor, tenemos un curso superguay de reparador de ordenadores personales, que se sale, tía, y el instructor, es un máquina, venga, ¿te apuntas?, o de alemán II para atención a público, con unas mini prácticas de quince días como canguro en un complejo turístico del sur, ¿a qué sí? Cuando al fin se convencen que lo tuyo ya no es hacer cursos, y más cursos, que tú lo que pretendes es currar como cualquier hijo de vecino, te salen con aquello de ya la llamaremos cuando salga algo y san se acabo. En fin, ¿qué más da?, te sirve para el paro, y con eso ya vale, además, nunca se sabe, sí, ya sé que es muy chungo, pero es lo que hay, quieres otro  cortado natural, ¿no?, okey, para mí un café solo, Josefa, cuando puedas, vale.

Bien, por dónde íbamos, sí, lo de Ulises, mientras esperaba la aparición de un curro bueno, aceptó algunos trabajitos, un poco chungos la verdad, para ir tirando. Primero fue de comercial con lo de las ollas a plazos, ¿o eran unos tapper?, no, eran unas ollas con un nombre antiguo de señora inglesa, ¿cómo dices?, Ronna Ware, sí, esas mismas, de puerta en puerta, y sin coche, que fue lo peor, pues para esa época todavía no tenía carné, cogía un lote de edificios, con un callejero bajo el brazo, y, hala, a timbrar en los porteros hasta que alguien abriera. Vaya lío que se formaba el pobre explicando a la maruja de turno el follón ese de la financiación, total que terminabas de pagar las ollas tres días antes de que te metieran en el asilo, ¡qué va!, no vendió nada, no servía de comercial; luego, repartidor nocturno de pizza, todo marchaba del diez, hasta estaba costeando su propia moto, una Suzuki de mucho cilindraje, lo vieras como salía disparado de la Tres de Mayo, por ejemplo, hasta el puente Zurita, y si te atrevías a decirle algo te salía con aquello de  “yo controlo, tía”, “yo controlo”. No quiero recordar la nochecita que nos avisaron del accidente, eran ya pasadas las doce, sí, hay que ver cómo se puso Paca, la Pobre, tirando descolocada para el hospital, en chanclas y bata de dormir, el guantazo lo tuvo lanzado a toda pastilla, ¿cómo se le ocurre?, por la Autopista Norte. Sí, por poco lo dejan paralítico. A la final solo un brazo escayolado, unos puntitos de nada en una rodilla, y un par de semanas sin moverse del catre, eso fue todo, es una pasada lo rápido que se recuperan los chicos, a mí también me impresiona, sí. 

Al mediodía del día siguiente por el Noticiero de la autonómica, daban la noticia del suceso, y las estadísticas, escalofriantes desde luego, de yo no sé cuántos accidentes de coches en las carreteras de España, que esto no puede seguir así, que a dónde vamos a parar, y, menos mal que el chico este, hablaban de Ulises, llevaba puesto el casco, que si no la hubiera empalmado, seguro. Te cuento que los reporteros de la cadena, especialmente el pringado del cámara, grabaron a Paca, la pobre, con esa facha de la bata y las chancletas con que llegó al hospital, tenías que ver el disgusto que se cogió, si serán capullos, decía, mira que sacarme con esas pintas, en fin.

Cuando le dieron la baja al chico, aceptó ponerse de repartidor de octavillas por la calle Castillo, sabes que Diana, la prima de Guaci, la del tercero izquierda,  estaba metida en el jaleo ese de las dietas que anuncian de madrugada por Antena3, ¿anda, también Telecinco?, no sé. Es lo mismo de “La tienda en casa” pero para trasnochados, igual, sí, con su insistente: ¡llame ya!, ¡llame ya!, al teléfono que ves en pantalla, y, un tío cachas guapísimo y sin camisa te repite cien veces que aproveches esa oferta especial para la televisión. Eso cuando no te anuncian un aparataje milagroso que en un abrir y cerrar de ojos te deja un abdomen de fábula, tan práctico que lo puedes usar mientras montas un potaje de verduras, ves tú serie favorita, o contemplas desde la tumbona, muy cool, a unos niños pijos haciendo los deberes sin despeinarse, exactamente, pues esa misma empresa promocionaba un montón de potingues dietéticos, supuestamente naturales, y cogieron a Ulises, que en ese tiempo tenía un tipito estupendo, como promotor de un kit especial de merengadas y polvos para adelgazar.

Bueno, esto duró hasta lo del fotógrafo. Una noche tomando unas cañas en el bar de Manolo, un  tío que coincidió con él en la barra, no, espera, eso no es, mujer, no te adelantes, lo de la rumana vino después, ¿que cómo se llamaba?, Cristian me parece…, sí, estoy segura, …, mejor bajamos la voz, lo cierto es que le ofreció un trabajo relacionado con el tema de la moda, dame otro cigarrillo, ¿fuego?, gracias, el hombre en cuestión regentaba un estudio fotográfico para algunas revistas de alta costura, “Vogue”, “GQ”, “Harper´s Bazaar” y eso. ¡Josefa,…mi niña!, ¿qué tal?, muak, muak, todos bien, cóbrate, por favor, sí, dos cortados natural, dos cafés solos, listo, gracias, ¿tienes cambio?, bien, venga, saludos. Acompáñame hasta la calle San Clemente que tengo que recoger unos zapatos, mujer, ten cuidado con los coches, es que ya no respetan ni el paso de peatones.

Y claro, Ulises de esto, nada, sólo tenía que poner los focos, ayudar con las cámaras, tomar las medidas de las chicas, acompañar al tío en las entrevistas y cosas así. No sé la verdad que vería en el chico, es cierto, para otra cosa no, pero para parlotear y enrollarse con la gente, era un listo, ¿sabes?, tenía una gracia cuando hablaba que te dejaba embobada, seguro que lo saco del padre, porque si es por el lado de Paca, la pobre, ¡ja!, no había nada que buscar.


Quince días después volaron hasta París, que era donde tenía su oficina el otro, cerca del centro, por la Rue du Rocher, sí, Rocher, número 15 ¡No!, ¿qué dices?, yo nunca he estado en Francia, lo sé por las fotos que recibía la madre, porque él nunca escribió cartas, vamos, pero enviar fotos, bueno, un montón, sí, sobre todo los primeros meses, claro como estaba en ese mundillo de los flashes. Eran esas, ¿te acuerdas?, que llenaban la pared del salón de la portería, la que daba a la cocina y el patio interior, exacto. Vieras lo animado que se veía al pibe, posando a la entrada de la Torre Eiffel con su gorra I love París, o en chándal en un monísimo rincón del Jardín de las Tullerías, o caminando distraído con su camiseta Nike por la MontMartre. Los paseos estos por París serían en sus ratos libres, que eran más bien pocos según daba a entender, claro que trabajaba, ¿pero tú qué te piensas?, no, no tenía la papa pelada ni mucho menos, ¡qué va!, en este mundo de la moda se curra que no veas, sin horario y a todo meter, que si preparar las bombillas, que si acondicionar el escenario, que si diseñar la  performance para la portada de alguna revista, que si trabajar con las modelos para los casting, ponte por aquí, preciosa, eso es, estira los brazos, cariño, pruébate este modelito, vale, bien, ahora sonríe, gira para este lado, ¡flash!, ahora para el otro, ¡flash! Además, aquí es la zapatería, muchas veces están hasta altas horas de la noche, ¿sabes?, cuando no les da por repetir una toma, y repetir, y venga a repetir, hasta conseguir el punto que se busca.

El Cristian este, bueno, resultó ser un tío de lo más exigente, ¿sabes?, un perfeccionista de tomo y lomo, justo por eso estaba tan bien cotizado, y siempre tenía su agenda, sí, claro que se la llevaba Ulises, copada hasta arriba, los jueves con la casa Dior, martes y miércoles, Coco Chanel; Paul Gaultier, los viernes. Venga, cojamos la guagua, que sí, chica, ¿tienes bonobús?, okey, yo también. Se ve que era un tío que se codeaba con la creme de la creme,  con lo más in del mundo fashion.


Claro, lo más que le ponía a Ulises era el trabajo en sí con las chicas,   buscar caras bonitas, entrevistar a las pibas, sí, las aspirantes a modelo, y sígueme por aquí, mi reina, ¿y tú por qué quieres entrar en el mundo del modelaje?, a ver, a ver, pasa al estudio para una primera prueba, venga ponte este modelito de verano, bien, ahora algo más ligerito, sí, ese mismo, el bañador estampado de dos piezas. En fin, fue aprendiendo, ¡qué va!, no se cortaba un pelo, trincaba a las que tenían futuro con el tema, a las demás, las despachaba sin muchos rodeos. Algunas tardes, cuando salía del estudio, se metía por los barrios del extrarradio de Paris, intentando pillar mujeres exóticas, alguna emigrante magrebí, o, mejor, las latinoamericanas, pues desde que tuvo la experiencia aquella en Sudamérica se aficionó a las latinas ¿Qué dices?, él se tomaba su trabajo muy en serio,  nada de rolletes, ¡eh!, sino a lo que iban, y punto. El Cristian se desentendía, claro, se había ganado su confianza, no sólo le enseñó algo de fotografía, también otras cosas de la moda y el modelaje: maquillaje, make up creo que lo llaman, peinado, costura rápida para casos apurados. Bueno, sobretodo, cuando tenían encima alguna pasarela de estas especiales, otoño-invierno o verano-primavera, vieras el estrés que pasaban, porque ahí si es verdad que no tenían tiempo ni para el bocadillo.


La cosa se vino abajo cuando se le ocurrió liarse con una de las modelos. No, ¿una latina, dices?, no, una latina no, una rumana, ya te dije que venía al final,…y ya verás lo que resultará después,…, era una tía huesuda que anunciaba una campaña de yogures, ¿cómo era que se llamaba?, espera que lo tengo aquí, en la punta de la lengua,…¡ah, sí!, Danae, Danae Dondoe, qué te cuento, un tipazo de mujer, altísima, uno ochenta o uno ochenta y cinco, y una cinturita de avispa, así, mira, así, ¿entiendes?, …en fin, Ulises, que seguía siendo un pibe, con todo y su moda de París, se quedó enganchado. Claro, claro que sí, una experta en el arte de los amoríos traviesos, vete tú a saber cómo se lo montó para llegar hasta el estudio del fotógrafo. Se citaban a escondidas en los parques de la ciudad, o quedaban en algún bar de las afueras. Todo con mucha discreción, pues no se sabía cómo iba a reaccionar el otro, exactamente, el fotógrafo, vale, vieras los apuros que pasó Ulises aprendiendo a descifrar el lenguaje azul de los ojos de la tía, hoy sí, cariñito mío, mañana no, que si quedaban, que si no quedaban, que hoy dónde, y esta noche, amor, no puedo, tengo una sesión de fotografías. La cosa funcionó por algún tiempo, hasta que una tarde los sorprendió el mismo Cristian en su oficina.  Se formó un zafarrancho de los gordos, Ulises intentando explicarse, colega, esto no es lo que tú estás viendo, aquí hay una confusión. El hombre ni lo dejo hablar, lo despidió ipso facto, y hala, desde ese día se quedó así, sin más, en la calle. Ya llegamos al Cabildo, ¿tienes un cigarrillo?, vale, gracias.

@elblogdemarcelo



 Si quieres leer la primera parte: De la distraída vida de Ulises Nivaria I

domingo, 1 de noviembre de 2015

Fiesta de Todos los Santos: 12 rasgos de la santidad en el siglo XXI



Hoy, 1 de noviembre, celebramos la fiesta de Todos los Santos, efemérides que nos recuerda la gran dignidad de lo que significa ser persona, el sentido definitivo del proyecto de Dios sobre el hombre y la mujer: compartir con nosotros el misterio de su propia santidad.

Ser santos no es ninguna proeza sobrehumana, es, sencillamente, vivir en forma auténtica nuestra condición humana, conforme a nuestra vocación y estado de vida.

Tú y yo, y todos, estamos llamados, hoy y aquí, a experimentar el misterio de la santidad de Dios, que es tanto como decir: participar de la propia felicidad del Dios vivo realizando el destino para el cual hemos sido creados.

Pensando todas estas cosas, me he estado preguntando ¿cómo ser santos en el siglo XXI?, porque si bien es cierto que, más allá de las épocas y los lugares, la santidad cristiana es una sola, a veces observo algunos estereotipos sobre lo que significa ser santo o santa que no se corresponden con los tiempos que vivimos, y que, definitivamente, no nos ayudan a comprender el llamamiento universal que Dios está haciendo a cada uno a la santidad.

Hemos de vivir un modelo de santidad que sea acorde a los desafíos del siglo XXI, al contexto que nos toca vivir, sabiendo que la voz de Dios  se deja sentir a través de los entresijos de la historia, con sus luces y con sus sombras.

Hablaríamos así de algunos rasgos de realización actual de la vocación a la santidad, porque se es santo o santa no en un mundo abstracto/ideal sino en el contexto concreto de la historia.

Desde esta perspectiva, podemos identificar, a modo de ensayo, 12 posibles características de la santidad cristiana del siglo XXI:

 1. Santidad “En seguimiento a Jesucristo”: Santidad es siempre camino de discipulado, experiencia de entrega y comunión con Jesús Resucitado, según el modelo de seguimiento que encontramos en el Nuevo Testamento, particularmente en los Evangelios.

2. Centralidad de la Palabra de Dios: Santidad es dejarse transformar por la Palabra de Dios, vivida y orada en la soledad del corazón, y en la asamblea litúrgica. La Palabra de Dios tiene que estar en el centro del camino cristiano.

3. Testigos de la misericordia: Los santos son testigos de la infinita misericordia de Dios que abraza como un fuego a todos los seres humanos. El hombre santo es aquel que ha experimentado más de cerca esta gran misericordia, por lo que está llamado a comunicarla a los demás en medio de la historia.

4. Sentido ecológico de comunión con la creación: Hoy cuando somos tan sensibles a los temas relativos al medio ambiente, necesitamos un modelo de santidad que invite a una comunión respetuosa con la naturaleza, y que apueste por un sentido ecológico de encuentro con la creación.

5. Talante profético frente a la lógica del egoísmo capitalista: Ser santo es desmarcarse de la lógica consumista de las sociedades del mercado. Es ser profeta, viviendo un estilo sobrio y sencillo de relación con las cosas, denunciando con la propia existencia todas las esclavitudes que nos vienen impuestas por la idolatría de la mercancía, por la deshumanización de una sociedad basada en la acumulación insolidaria de bienes y riquezas.

6. Experiencia renovada de la contemplación: Hoy, más que nunca, necesitamos hombres y mujeres que hayan experimentado a Dios en el fuego de la oración contemplativa. Para que lo divino no se convierta en un asunto de meras palabras, lo prioritario es dejarse transformar por el Dios vivo, en la fragua de la contemplación y el encuentro personal con el Señor. 

7. Dóciles al Espíritu Santo: Hombres y mujeres del siglo XXI dóciles a la acción renovadora del Espíritu Santo en la Iglesia, a sus dones y carismas para la edificación del Pueblo de Dios, abiertos a la experiencia siempre nueva de Pentecostés.

8. Sentido comunitario-eclesial de la santidad: Hombres y mujeres santos con un profundo sentido comunitario y eclesial de la vida cristiana. El Santo no vive aislado, es siempre un hombre para los demás, que se entrega a Dios y a los hermanos como miembro vivo de una comunidad eclesial, encarnando el misterio de la  comunión en Cristo, cabeza del Cuerpo.

9. Solidaridad, amor a los pobres, sentido de la justicia: En un mundo preñado por tantas injusticias y desigualdades no podríamos entender la santidad sin una búsqueda activa de un cambio social según el modelo de Jesús en el Sermón de la Montaña”, viviendo la santidad a través de gestos concretos de amor y entrega a los más pobres, de solidaridad con las víctimas.

10. Santidad desde los sanos valores laicales: Los tiempos nos están llamando a ser santos desde los valores positivos del mundo secular, construyendo con los hombres y mujeres de buena voluntad, la sociedad humana: ejerciendo con alegría y espíritu de servicio nuestro trabajo y profesión,… participando en una comunidad de vecinos, haciendo la compra y en el mismo autobús de vuelta a casa.

11. Renovado sentido misionero y evangelizador: En medio de los avatares del secularismo galopante que domina muchos ambientes, se nos invita a vivir la gracia de la santidad, con una actitud misionera y evangelizadora, haciendo presente al Señor más allá del templo y la religión, allí donde los seres humanos se reúnen y comparten las preocupaciones de cada día.

12. Santos y Santas con María, la mujer nueva para el nuevo tiempo: Vivamos nuestra experiencia de la santidad en estrecha comunión con María, la Madre del Señor, en ella se realizan a plenitud las características de la santidad del siglo XXI. María, modelo eximio de santidad en la Iglesia para todos los tiempos.

¿Y tú, hermano, hermana, que otra característica de la santidad del siglo XXI agregarías a este pequeño listado?



viernes, 30 de octubre de 2015

DE LA DISTRAÍDA VIDA DE ULISES NIVARIA: Primera parte


Todo empezó cuando los padres del chico se separaron, y la madre tuvo que dejar aquel piso de lujo donde vivían holgadamente, creo que era en Las Mimosas o un poco más arriba, es igual, sentémonos aquí por el portal, bien, ¿qué te decía?, ¡ah sí!,  además ya no podía mantenerlo en ese colegio pago, sí, carísimo, por eso tuvo que ir a un instituto público, allí comenzó con lo de los porros y otras sustancias, todo un canchanchán,… ¡Colgado la mayor parte del tiempo!... ¿Qué si asistía a clase?, claro, claro que asistía, pero no se enteraba de nada, nada. Al padre lo veía, si acaso, tres veces al año, el hombre se había forrado con la empresa aquella que montó para reformar pisos antiguos. No, no es así, ¿en Los Cristianos?, ¿qué dices?, no señor, en el Puerto de la Cruz, estoy segura, se construyó un chalecito con lo que ganó con lo de los terrenos para el centro comercial, tu sabes que estuvo saliendo en la prensa, que si todo estaba apañado con la concejal de obras, que si las cuentas bancarias en Andorra, que si patatín, que si patatán. Y luego, como siempre, la cosa terminó en una comisión de una subcomisión para estudiar el caso con calma, y tras profundos análisis resolvieron que había que seguir estudiando, ¿a qué sí?, para que los señores subcomisionados y comisionados no perdieran sus dietas y otros detallitos de nada, y todos tan contentos. Tú me dirás cómo iba a estar pendiente del chico, justo en esos años del insti, y es que además ya se sabía que la pensión que les pasaba apenas les daba para ir tirando, por lo que Paca, la pobre, tuvo que colocarse como portera en un cochambroso edificio del centro, y nada, a Ulises no lo controlaba ni Dios, si estudiaba o no estudiaba, cuáles eran sus juntas, si hacia o no hacia gamberradas por las esquinas, que parece que no, pero hay que fijarse la cantidad de cosas que se les ocurren a los pibes cuando los dejan a su aire, y eso que el chico, si te pones a ver, no llegó a lo que otros que conocemos del barrio. Nunca pasó de las golferías propias de la edad, un escaquearse de los deberes en cuanto podía, un rebotarse de tarde en tarde con la pobre madre, tienes razón, lo malo fue eso, lo de los porros, y, claro, también los colegas de la calle, que lo jalaban para todo, y no había manera que se centrara en algo, así los días se le iban a toda leche, y eso.

Por lo que no es de extrañar que suspendiera mogollón de cursos, y venga la pobre Paca a llorar, Ulises, cariño mío, ¿qué te pasa? Así estaban las cosas cuando Penélope, ¿te suena?, sí, esa misma, la chica del quinto derecha, lo convenció para que asistiera a la iglesia evangelista que funcionaba por la calle Salamanca. El pibe estuvo de aleluya por ahí casi un año, con su Biblia bajo el brazo y repartiendo octavillas por las esquinas. Los domingos casi nunca faltaba al culto, sí, exactamente, se apuntaba a todo: a las campañas de milagros, a los testimonios en la calle, los sábados cerca de la Plaza El Príncipe, a las visitas por las casas, a los cursillos nocturnos de doctrina y mogollón de veces, cuando te lo encontrabas en la calle o en la guagua, te comía la oreja intentando venderte una revista de titulares apocalípticos, “El ébola, un macabro aviso antes del fin”, y cosas así,  y se ve que le molaba cantidad, bueno, lo digo por la carita que ponía cuando te ponía la revistita esa sobre las rodillas para que la hojearas. Hasta que un buen día abandonó el tema, será que se cansó o se metió en algún lío, lo digo porque Tere, vale, pero acércate un poco más para contarte, sí, la del estanco, dice que tuvo un rollito un poco raro con la hija del pastor, una niña bonita que acabó aprobando las oposiciones de auxiliar III del administrativo II de Bibliotecas y Centros Lúdicos en Las Palmas. De hecho a la chica no se le vio más por el barrio, y, sabes lo que te digo, él tampoco apareció más por la Iglesia.

Decidió entonces, pues algo tenía que hacer, ponerse a estudiar de verdad, se apuntó en una academia a ver si por fin sacaba el graduado escolar, era esa que quedaba por la Rambla de Pulido, ¿te acuerdas?, por la calle Álvarez de Lugo, cerca del bar de Conchi. La cosa no funcionó porque volvió de nuevo a liarse con los porros, o se metía a deshora en alguna sala de cine del Meridiano. Eso fue cuando lo de “A todo gas uno”, sí, exactamente, la de los coches, una obsesión por el tuning, ¡qué fuerte, tía!, venga a ver la peli, lo menos sopotocientas veces, a comprar pósters de coches adornados con unas tías pechugonas y en unos mini, mini, bañadores, era una pasada como había empapelado la habitación, y, desde luego, Paca, la pobre, estaba hasta el gorro del dichoso tema del tuneo. No te quiero contar cuando por fin estrenaron la tan anunciada “A todo gas dos”, las colas que hizo con la Penélope, el ruido de las palomitas confundido con el rugido de los motores, sobre todo en esa escena en que el coche, tuneado a todo meter, se lanza sobre el barco del narco aquel, como le sudaban las manos y se tragaba toda la saliva del mundo viendo cómo se lo montaba el protagonista, ¿cómo era que se llamaba?, es verdad, Brian O´connors, sí, un ex poli de Los Ángeles, radicado en Miami, un guaperas al volante, que encima engatusa a la agente infiltrada de la aduana, con unas miradas y unos besuqueos que le quitaban el hipo a cualquiera.
Bueno, a todas estas, ¿y los estudios?, ¡nada, mi niña!, por eso cuando llegó junio ya se sabía que había perdido el dinero de la inscripción, las mensualidades, los libros, y encima el tiempo. Además se la pasaba sin pasta, y venga a colgarse del brazo de la pobre madre, a pedirle los cuartos para esto y para lo otro. Por eso, no te extrañe que cuando en julio salió un aviso de prensa de lo más chulo solicitando chicos para enrolarlos en la Armada resolviera presentarse, sí, tía, les dan un sueldito, y encima, con el uniforme se ven guapísimos ¡Ah!, Paca, la pobre, estaba que se salía, casi no lo podía creer, vieras la foto que puso en el salón con su hijo cuando la jura de bandera. Ahora sí, ahora sí, decía, su hijo, por fin, iba a sentar cabeza.

El chico estuvo de comisión en un navío de esos impresionantes, claro, de marinero, que a otra cosa no había llegado el pobre. En su primer viaje navegaron hasta Cartagena de Indias, en Sudamérica, después de tantos días en alta mar, no sé si veinte, ¿tienes un cigarrillo?, vale, gracias, pues sí, les dieron una semana de licencia para conocer la ciudad y tal.  A él  le daba igual conocer los monumentos históricos y cosas de esas, lo que lo ponía era contemplar a las negras caribeñas paseando por las playas vendiendo dulces de coco y otras chucherías tropicales. Distraído en estos asuntos se metió por una barriada de las afueras, de esas que no les enseñan a los turistas ni de broma, la típica que aparece fotografiada en los trípticos de las ONG y, ¡no te lo vas a creer¡, cuando menos se lo esperaba aparecieron unos tíos con unas pistolas tipo Rambo y lo obligaron a montarse en un coche de lo más cutre, él intentó resistirse, ya sabes lo chulito que se pone algunas veces, pero un derechazo en toda la narizota lo dejó tieso. Al principio creyó que eran unos delincuentes que vendrían buscando perras, pero no, no eran delincuentes ni ocho cuartos, era un comando de guerrilleros de la FARC, ¿entiendes?, sí, guerrilleros, ¿que qué significa FARC?, ¡yo qué sé, tía!, atiéndeme para que te enteres, cruzaron media Colombia, que no es poco decir porque date cuenta que ese país es como tres veces España, y está lleno de montañas, así que te imaginarás las vueltas que hay que dar y que, encima, las carreteras de allí no son para tirar cohetes, ¿sabes lo qué te digo? Después de varios días, él mismo no se atrevía a calcular si serían dos o tres,  llegaron por fin hasta donde tendrían su escondrijo los guerrilleros esos, y lo encerraron en una chabola. Luego se supo que estaba en una región que llaman del Putumayo, cerca del mismo río Amazonas, o sea en la selva, pero selva a lo bestia, alejado de la civilización y sin esperanza de escapar, rodeado de unas arañas monas horrorosas, serpientes tipo boas, como las de la peli, hormigas culonas, y, según contaba después, unas lluvias interminables que a él le parecía que en cualquier momento se toparía de narices con Noé el de la Biblia. Las noches eran lo peor, vale, mejor caminamos un poco, aprovechemos que ha salido el sol, anda ya,  ¿no ves que estamos a dos pasos del García Sanabria?, vale, eso es ¿Qué te venía contando?, ¡ah sí!, lo de la selva.

Y tanto que estaba hecho polvo, bueno, no sólo él sino también Paca, la pobre, tenías que verlo, venga la señora a llorar por la tele, a pedir la intervención de las autoridades; la foto de Ulises con su gorrito de marinero, venga también a salir todas las noches por el telediario, y la  respuesta del Presidente del Gobierno, que sí, que se solidarizaban con el sufrimiento de un español en apuros, pero con una cantinela de noes que no veas, que no pagaremos el rescate, que no estamos dispuestos a negociar con insurgentes, terroristas o qué sé yo. Chica, ya era hora, por fin llegamos, venga vamos a sentarnos por aquí mismo, claro, ¿tú qué crees?, yo también estoy cansada ¿Qué te venía contando?, ¡ah, sí!, lo del secuestro. El gobierno tenía su jugada con la policía de allá, y parece que también con una agente especial americana, una rubia anoréxica nacida en Nueva York y criada en México a quien todos llamaban Miss Susan y que se coló de espía en pleno campamento ¿El rescate?, sí, claro, primero una unidad de asalto rodeó con metralletas el asentamiento guerrillero, ¡crash!, luego apareció un helicóptero de estos modernos sobre la chabola, y se escuchó el estruendo de una bomba, ¡bumba!  Al cabo de un rato, media hora o algo así, encontraron al pobre Ulises temblando, abrazado a la chica americana, y rogando que no les matasen ¿De los guerrilleros?, ni rastro. Sin dejar de abrazar a la rubia, pues  con el secuestro se habían apañado el uno con el otro, sí, a lo love story, los trasladaron a Bogotá, y de allí, hala, a Tenerife.

Al llegar al  Reina Sofía, tuvo que rodearlo un cordón de seguridad; la prensa estaba desbordada: fotógrafos, grabadores, cámaras de TV, cámaras de cine, micrófonos, móviles; sí, exactamente, el abrazo con la madre, eso fue lo mejor, era un pedazo de abrazo, y la gente gritaba: ¡guapo!, ¡guapo! Esa semana no se dio abasto para programas de radio y televisión: en “Protagonistas con marcha” de las 40 principales, ¿o sería la cadena dial?, luego en el programa de Wyoming “El Intermedio”, una breve reseña en “Corazón, corazón” de verano, y luego todo un reportaje en el lugar de los acontecimientos por “Documentos TV” ¡Ah!, se me olvidaba, en el “Pronto” le hicieron un especial a pleno color, allí sí que salía la rubia de Nueva York, la chica declaraba desde su oficina del FBI, y además en el jardín de un edificio de cristal de lo más fashion, claro, ella daba su versión, desmintiendo los rumores que habían corrido aquí en España sobre su romance con Ulises, no señor, ella era una profesional de lo secretísimo, todo formaba parte de una estrategia de seguridad y no sé qué flautas. Vieras las discusiones en “Sálvame Deluxe”, la Lydia Lozano venga a machacar con esto y con lo otro, ¡ah! se le inflaba la yugular en el cuello, ¿pero no sabías?, vas a flipar, resulta que le achacaron un rollito con la Ana Obregón, ya sabes cómo le molan a esta tía los pibes, el tema fue las fotos que sacaron una noche que dedicaban en Madrid un homenaje de mucho postín a todas las víctimas de los secuestros y cosas así, patrocinado por no sé qué asociación, todo gente muy bien puesta, incluso estuvo la misma Reina Sofía, con un peinado de bucles a lo Madonna, y otros grandes de España. Allí Ulises, muy chulito, dijo unas sentidas palabras, y sí señor, ¡enhorabuena, tío!, desde ese día ya no quiso seguir con la asistencia psicológica que le pusieron, sí, ¿pues tú qué crees?, la gente queda con unos traumas muy subidos, lo que pasa es que a él se le pasó en seguida ¿Qué dices?, ¡no, mi niña!, lo de Ana Obregón fue nada, un lleva y trae de rumores, aclaraciones, y, luego, ya se supo, una mentira más para ganar audiencia y de paso, ¿a qué sí?, unas perritas extras ¿La revista?, no, no la boté, debe estar en casa en alguna gaveta, a ver cuando te la enseño. La edición se agotó en seguida, ya te digo, flipabas, la gente por las calles cuando lo reconocía decía: ¡bravo!, ¡bravo!  ¿Te apetece un cortadito?, vale, entremos en el bar de Josefa, aquí mismo. ¡Ahh!,… claro, claro, con esto de los programas se le veía muy suelto, lo vieras, contaba su testimonio y lloraba, era alucinante. Aquí hay una mesa, venga, vamos a sentarnos.

@elblogdemarcelo


jueves, 29 de octubre de 2015

PASANDO REVISTA: El caso de Estefanía Mendoza


La sombra vespertina, una engreída pantera tras los adormilados estantes de horticultura y ciencias del agro, minutos antes, minutos después, se refugia a los pies de la bibliotecaria. Estefanía Mendoza, peinado tipo Cristóbal Colón, displicente mirada desde el espejeante mundo de unas gafas de alambre. Ahí, enfrente, a su derecha, los últimos usuarios de la sala, un desgarbado estudiante de medicina, apestoso a tabaco, y, para variar, Teresa, la profesora de sociales que vuelve a revisar, ¿será posible?, los deshilachados tomos de la sección D-5, estante 17 a la derecha, antropología; etnología; etnografía: estudios de caso: islas del Pacifico Oriental, 1927.

Ordena de nuevo el tocho de las fichas de préstamo, bien, las cuenta de nuevo, vale. Se levanta, observa de soslayo a los usuarios, reacomoda unas hojas sobre su escritorio, se sienta, mira el reloj. Sí, hay tiempo

A las ocho menos diez apaga las luces del fondo. Llegó la hora. Aquí vienen, primero el joven, sonrisita escueta, y nada más, suficiente; venga, ahora la investigadora, “gracias señorita Mendoza, mañana vuelvo, sí claro, ...vale, gracias”, recibe los libros, no hay ceremonia en ello, hay cansancio quizás, o tristeza, ¿tristeza?, sí, tristeza, eso es, para qué negarlo, desde que se le comunicó, ya va para un mes, la decisión de la Junta Directiva, el adelanto de su jubilación, su baja forzosa el próximo viernes 31, una disimulada melancolía le acogota el pecho al final de la tarde, aunque le humilla, vaya si no, reconocerlo. Vuelven las acicaladas palabras de la carta al retortero de su mente, “..., aprovechamos la ocasión para hacer un reconocimiento expreso de la encomiable y meritoria labor que durante los últimos 20 años ha desempeñado al frente de la Biblioteca...”, y de nuevo este penoso darse cuenta de que ella sobra, sencillamente sobra. Se levanta a cerrar las ventanas, corre las cortinas, eso le dio a entender subrepticiamente el doctor Aguiar, siempre tan circunspecto, pero no es tonta, risitas ahogadas abajo en el gañote, tosecita nerviosa, “esperamos que comprenda señorita Mendoza, el sistema tradicional de la biblioteca va a ser sustituido próximamente por uno nuevo en base a procedimientos informáticos automatizados que requieren un personal experto en dichos procesos técnicos, por lo que en compensación se ha decidido anticiparle la jubilación,...”.  Abre por rutina las gavetas, el volumen de inventarios, sí, aquí está; las fichas de control sobre el mostrador, perfecto; la vieja máquina de escribir “Underwood”, bien, eso es. Se levanta de nuevo, pasa las yemas de sus dedos sobre la madera de los archivos - por autor, materia, título -, “esperamos que comprenda,..”, “esperamos que comprenda,...”, qué se han creído los de la Junta, no, no comprende nada y está triste y está muriendo.

Sola, sí, sola, gira su cabeza y mira, que si la mesa, que si la papelera, que si la persiana, que si la silla, todo parece muerto, como ella misma ¿Sentarse?, no, no, sigue de pie, sus manos se entrecruzan por encima de la cintura púrpura de su falda de dos pliegues; camina sigilosa, ¿flota?, frente a estos amplios ventanales, salpicados de grumos, luz estrangulada, asfixia de sombra y polvo. 

Asfixia. 

Como todas las tardes, decide pasar revista a los estantes. Se da la vuelta, pasitos cortos, simulando el roce de la soga, la conducen a la otra ala de la estantería, ¿huye?, no quiere pensar, es todo, busca un lugar, se evade en la selva de los libros, en la espesura feraz de sus espíritus. Allí, estante 3, Homero canta la cólera de Aquiles, el fragor estentóreo de las lanzas troyanas; sí, por aquí está bien; Esquilo es apenas un rumor de lágrimas ante las cadenas de Prometeo, solloza, el corazón le palpita; ahora, sobre el techo, Eurípides proyecta los ayes de las Suplicantes, esas viudas que reclaman los cadáveres de sus hombres, caídos en desgraciada tierra extraña; busca la silla, sí, la silla, la rueda hasta situarla bajo la lámpara principal, no, todavía no, debe proseguir el recorrido; dos estantes más a la derecha, tramo 12, cantares de gesta, juglares y trovadores danzan cabe sí, el mago Merlín quiere el Santo Grial. Ella es, sin duda, la amada doncella de luenga cabellera bajo las garras de Guillermo El Conquistador, un vestido talar azul se arrastra entre el techo y la silla, sí, aquí está la fosa del castillo, unos esperpénticos dinosaurios se solazan, siente sus patas verdes y babosas detrás de la espalda. Se caen las gafas, tramo 14-6 ¿Escucha voces?, cada vez más cerca del techo, Alonso Quijano vela sus armas, es el caballero Don Quijote quien le habla, por la meseta castellana va ella, Estefanía del Toboso, esperándole en cualquier posada, en cualquier alquería, entre carreteros y crujientes molinos de vientos ¡Oh pero qué tenemos aquí!, Mefistófeles quiere convencer al anciano Fausto, sus ojos entornados la miran fija y arteramente, una carcajada traspasa las paredes de la sala, su cuerpo se va poniendo frío, su sangre desacelera el ritmo; Novalis la auxilia, él busca la rosa azul, ¿cómo ayudarle?, la noche en sus labios es un himno, casi una elegía; sí, ahora puede reconocerlo, es la misma voz de ultratumba que atormentó a Hamlet, ella también ha sido traicionada, ella sólo es un no to be, que se balancea, fofo,  sobre el aire, como una ligera y vacilante plumita; en el estante 7 la esperan los elegantes franceses, Madame Bovary, su compañera de intento, en la boca del estomago puede sentir la ponzoña; como a Julián Sorel, lo senderos, rojo y negro, se le entrecruzan y le acobardan el ánimo. El pánico lo puede sentir en el temblor compulsivo de sus manos lívidas. El borde mismo de la lámpara amarrada, que sirve de contrapeso, parece ceder, ¿no sucedió antes?; pero la luz viene de oriente, la santa Rusia pervive en el tramo 6-3, los senderos plateados de la estepa infinita, una isba, el staretz que la aguarda en la pustinia solitaria, en sus ojos toda la ternura del universo se condensa, San Petersburgo, Alioscha Karamazov suda su inocencia de siglos; son tan extraños estos olores humanos en torno suyo, ¿de dónde vienen estas voces?, un impulso repentino la empuja a los poetas, tres tramos a la izquierda, estante 9, Góngora, Lorca, Neruda, pero la aturde la marcha circular del tiempo, la continua repetición del último acto, la agonía del capítulo final que reitera al infinito el tedioso ciclo, regresa entonces a la silla, ella misma contempla su cuerpo que pende amoratado, en el rostro se congela el terror del postrer respiro, pero ¿por qué tuvo que caer la lámpara?, ¿por qué?, ¿por qué?, vuelve la repregunta inútil, mientras Rosaura, la enfermera, la conduce suavemente a la cama Nro. 33 del Hospital Psiquiátrico, donde reside desde hace un mes, cuando un fallido suicidio la sumerge en un crónico estado psicótico. Tímidas estrellas, tomadas de la mano, velan su sueño de narcóticas agujas. Mañana, cuando la engreída pantera de las sombras se refugie de nuevo a sus pies, Estefanía Mendoza, como todos los días desde su llegada a este hospital, revivirá su muerte, mientras pasa revista a los libros de su biblioteca. 

 @elblogdemarcelo